Pueden ser unos días algo difíciles. Pero, a medida que pase el tiempo, se sentirá cada vez mejor. Su malestar irá desapareciendo, y las ganas de fumar serán cada vez menores.
Repítase a sí mismo que lo puede conseguir. Que lo está consiguiendo. Siéntase orgulloso de cada día que marque en el calendario. ¡Todo el mérito es suyo!
Beba mucha agua y zumos de naranja. Le ayudará a eliminar la nicotina y, con ella, los síntomas de abstinencia.
Durante estos primeros días, distráigase cuanto pueda. Recupere aficiones de otro tiempo, o empiece a cultivar otras nuevas. Manténgase ocupado. Procure no disponer de tiempos muertos.
Marque en un calendario cada día que pase sin tabaco. Observe con orgullo cómo se van acumulando los días. ¡Quien lo iba a decir!
Guarde en una hucha el dinero que hubiera gastado en humo cada día. Utilícelo para premiarse por el esfuerzo que está haciendo.
Quítese de la cabeza la idea de que nunca más va a umar. Piense sólo en cada 24 horas. Cada día, al levantarse, plantéese como objetivo: ¡HOY NO VOY A FUMAR!
Cuando le ofrezcan tabaco, no salga corriendo, ni se avergüence de no aceptar. Entrenese en afirmar con orgullo: NO, GRACIAS, ESTOY DEJANDO DE FUMAR.
Elimine o reduzca durante unos días las bebidas alcohólicas y el café, que tan asociados están al tabaco. ¡No se lo ponga más difícil!
No haga comidas pesadas que le amodorren. Elija durante estos días alimentos ligeros.
Cuando termine de comer, no continúe sentado a la mesa, ni se tumbe en el sofá a ver la TV. Levántese, lávese los dientes y salga a dar un paseo. O haga algo que le distraiga.
Tenga a mano algo para picotear: fruta, chicles sin azúcar, zanahorias, apio, regaliz de palo, etc. No se preocupe si la gente se burla. Usted, a lo suyo.
Busque algún objeto con el que entretener las manos cuando note que le falta el cigarrillo: un bolígrafo, las llaves, una canica, etc.
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