Longitud: 11,5 km de asfalto y 30 minutos a pie.
El comienzo de la presente ruta se encuentra en la misma localidad de Pinofranqueado, en la desviación que conduce a Horcajo. El asfalto cruza parte de la primera población hasta que, tras las últimas casas, penetra en un pinar; sin embargo, muy pronto la masa forestal se abre y permite que el viajero se asome a la naturaleza montaraz que cierra las alquerías de la Muela y de Robledo, esta última casi escondida ante el espectador, aprovechando el escaso terreno que ofrece la ladera que desciende brusca hasta el fondo de un estrecho valle por el que se abre camino el río Esperabán. Olivos, , vides y frutales se escalonan en los clásicos bancales hurdanos, mientras que el pino, la carrasca, la jara, el tomillo y el brezo se alternan en las laderas de los montes.
A 10 km de Pinofranqueado un nuevo desvío nos muestra la dirección de Horcajo, muy próximo ya, donde es obligado dejar el vehículo y continuar a pie para alcanzar el destino de la ruta: los Corrales del Moral. A partir de aquí todo cambia para el viajero, pues entra en contacto con la fisonomía tradicional de una alquería como Horcajo, de empinadas y retorcidas calles estrechas y de casitas pequeñas que se adaptan al desnivel del lugar. Y, tras salir de la población, con mucho más motivo la ruta adquiere singular significado, junto al río Horcajo, que marcará la pauta para iniciar el sendero que, tras callejear unos metros, penetra entre tapias de pizarra y alcanza el río. Pero el camino pronto asciende hasta nivelarse a media ladera, siempre llevando el cauce a la derecha y entre tapias. Poco a poco el caminante se introduce en un mundo natural en el que la soledad es un privilegio y un placer para los sentidos. La indiscutible belleza del entorno hace corto el paseo hasta el punto en el que se descubre lo que puede considerarse un conjunto etnográfico de arquitectura hurdana: El Moral. Aprovechando los pocos metros ,que permiten las confluencias de dos arroyos, los habitantes de la cercana Horcajo edificaron un grupo de majadas de pizarra negra, muy al gusto hurdano, que nos han llegado como testigos del pasado y para deleite del caminante.
Esther de Aragón Balboa-Sandoval
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