Venir a Badajoz es cazar en el paraíso.
Muchas de las especies animales silvestres, cinegéticas o no, se dan cita en nuestros bosques de castaños, robles y encinas; o, incluso, en zonas despobladas de árboles, como la comarca de “La Serena”.
Allí, cuando calienta el sol de verano, pueden verse perdices, tórtolas, gangas, ortegas… buscando saciar su sed en los bebederos de las fuentes.
Históricamente, Badajoz ha sido hábitat de especies cinegéticas que no existían en otros lugares. Por ello, hasta aquí venían cazadores de otras tierras, para ejercer esta noble ocupación.
En un antiguo texto, “Los Anales Toledanos”, se relata como, en el verano del año 1220, Sancho Fernández, hermano del rey leonés Alfonso IX, murió cuando cazaba por las Sierras de Navalvillar de Pela.
Alfonso XI, rey de Castilla y León allá por el siglo XIV, escribió el “Libro de la Montería”; donde relata las cacerías que se hacían en numerosos lugares de nuestra tierra.
Hoy, seiscientos años después, cuando la caza ha desaparecido de muchos lugares de España, no hace falta ser un rey para cazar abundantes piezas de perdices, liebres, conejos, ciervos, corzos, gamos, muflones, cabras hispánicas o jabalíes… en Badajoz.
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