A dos kilómetros de la localidad de Cuacos, Conjunto Histórico Artístico, y sobre la ladera de una estribación de la sierra de Tormantos, se levanta El Monasterio de San Jerónimo de Yuste, cuya importancia artística se vió acrecentada con el retiro que en él hizo, hasta su muerte, Carlos I.La estancia del monarca en Yuste, además de la proyección que tuvo para el monasterio desde el punto de vista artístico, debido a la ampliación del mismo y a la llegada de objetos artísticos de singular valor, le dotó de un importante contenido histórico.

Monasterio de Yuste
Al parecer, el origen del convento está en la ermita denominada de El Salvador a la que se retiran unos ermitaños placentinos, los cuales vivirían allí hasta que, a principios del siglo XV, un vecino de Cuacos llamado Sancho Martín les dona el terreno para la construcción de un convento. En 1414 los ermitaños reclaman la protección de la comunidad jerónima de Guadalupe para construir una nueva en Yuste, de la cual sería primer prior Fr. Francisco de Madrid; a partir de entonces se inician las obras del monasterio. Datan del s. XV la iglesia y el claustro gótico adosado al lado del evangelio. En el s. XVI, los condes de Oropesa amplían el edificio con la construcción del claustro nuevo, cuyas obras concluirían hacia 1554. Por estas fechas, el futuro rey Felipe II visita el monasterio, pues éste, había sido elegido para retiro de su padre. Con posterioridad a esta visita dan comienzo las obras para la construcción de la vivienda del emperador, las cuales, dirigidas por Fr. Antonio de Villacastín, concluirían estando ya en Yuste Carlos I, cuya llegada tuvo lugar el 3 de febrero de 1557.
Franqueando una sencilla puerta de medio punto se ingresa en el recinto conventual y se presenta ante nosotros el frente occidental del templo, cuya esbeltez anuncia ya las proporciones monumentales del mismo. Realizada en mampostería y sillería, como el resto del edificio eclesial, la fachada presenta un aspecto ciertamente sobrio que hace destacar los elementos decorativos de la portada, que dadas sus características, data de la ampliación del edificio en el siglo XVI. Del interior del conjunto monacal es preciso destacar su templo y los dos claustros correspondientes a los siglos XV y XVI.
La iglesia, de una sola nave y cabecera poligonal, dispone de un elevado graderío para acceder al altar, que se cubre con bóveda estrellada. Su espléndido retablo mayor realizado en madera policromada y dorada, consta de dos pares de columnas corintias que enmarcan una copia del Juicio Final de Tiziano, realizado por Segura. Sobre el entablamento se levanta un frontón partido sobre el que se disponen las esculturas representativas de las cuatro Virtudes, y en el centro de este remate, aparece el escudo de Carlos I.
La sillería es de estilo gótico y data de fines del siglo XV. Los respaldos de los asientos se decoran con motivos vegetales y temas fantásticos y en el respaldo de la silla central aparece un cuidado relieve de San Jerónimo. Al lado de la epístola del templo se adosa, en el siglo XVI, la residencia de Carlos I, que destaca exteriormente por su sencillo y elegante juego de materiales y formas. En la construcción se combina el ladrillo, la mampostería y sillería.
El acceso a la residencia se efectúa por el oeste, a través de una prolongada rampa, que conduce a una amplia estructura porticada de planta rectangular. Del interior destaca, por su interés, la alcoba del monarca. Se trata de una sencilla estancia de planta rectangular, sobriamente amueblada, que comunica con la iglesia mediante una puerta dispuesta en esviaje; la perforación oblicua de la puerta permitía al monarca asistir al culto desde su alcoba. De las restantes estancias, la mayor corresponde a un salón rectangular que hacía también las veces de comedor y sala de audiencias. Del conjunto de objetos de la residencia real, merece destacarse el llamado Reloj de Carlos V, construido en oro y platino, que data de 1562 y es obra del famoso grabador, orfebre y relojero alemán Jeremías Metzger.











