Desde los días de la antigüedad romana, no vuelve a tener importancia alguna Medellín hasta que como plaza fuerte figura en las luchas caballerescas medievales. De la conquista de la ciudad da cuenta un privilegio concedido por Fernando III a la Orden de Alcántara, existente en el Archivo Histórico Nacional entre los documentos de Santa María de Rioseco, dado en Berlanga a 1 de agosto de 1234.
A mediados del siglo XIV, era señorío de D. Juan Alonso de AIburquerque, valido del rey D. Pedro I. Caído en desgracia D. Juan Alonso, el rey don Pedro hizo tomar la villa y destruir el castillo para vengarse de su antiguo favorito que por entonces era señor de esta fortaleza, motivado por la recriminación que éste le hizo al rey en la Junta de Valladolid por el escándalo que producían sus amoríos con Dr María de Padilla, engañando a su legítima esposa Dª Blanca de Borbón.
Indignado el rey mandó echar por tierra los muros del castillo que luego reedificó D. Sancho, infante de Castilla, como señor de Medellín, en 1373.
A causa de posteriores querellas por la posesión de la villa, se posesionó de ella el rey D. Juan, el cual hizo merced del señorío en 1445 a D. Juan Pacheco, cuya hija Dª Beatriz fue la Condesa de Medellín.
Junto al Guadiana, en la cima del cerro en cuya ladera se asienta el pueblo de Medellín, se eleva su castillo de origen romano, antigua sede de los campamentos de las legiones de Quinto Cecilio Metelo, fortaleza defensora de la región de la Serena, no lejos de una calzada y de un puente romano en el mismo término y contemporáneo del Castro.
Esta grandiosa obra y su vasta edificación, construida sobre bases romanas, es gótico del siglo XIII, siendo uno de los castillos más completos del medievo. Esta gran fortaleza de planta oblonga de semejanza a la de un barco, consta de dos recintos con sus correspondientes líneas de defensa; la meseta de la colina en que se asienta sólo es franqueable por el Suroeste, ofreciéndose muy escarpada por el Norte y muy accidentada y quebrada por el Este. La puerta más antigua, fortificada, está en el lado Oeste de la población y como en la mitad de la línea longitudinal de defensa, que es la del segundo y más importante recinto.
En el extremo Sur de la fortaleza hay otra puerta principal y en el lado oriental, un portillo.
En el eje de la fortaleza en el sentido de anchura, corre una línea defensiva que divide en dos el recinto interior, uniendo el torreón del Norte con la torre del Homenaje.
De los dos recintos exteriores, el primero y más bajo, asentado en la vertiente de la colina, sigue la línea del segundo; es de mampostería y se halla bastante deteriorado; este otro, aunque de igual construcción es más sólido y se conserva más entero. La torre del Homenaje es de sillería, grande y cuadrada, que defiende la puerta. Adosado a ella hacia el Sur está el baluarte o cuerpo destacado bajo el que se encuentra la puerta principal, defendida por dos torreones que la flanquean y por una barbacana con sus canes de piedra que se destaca sobre la entrada, la cual se perfila en arco rebajado.
A pesar de los indicios de que en este cerro debió existir como una citania ibérica, no se ha descubierto, como ocurrió en Magacela, restos de muros ciclópeos, ni tampoco árabes.
La fortaleza descrita, verdadero modelo y ejemplar notable entre las de su género, data del siglo XIV y, como es frecuente, con adiciones y reparaciones posteriores. Estuvo mucho tiempo en poder de los árabes, hasta que Alfonso IX, en el año 1228, se lo ofreció a la Orden de Santiago con la condición de que estos se lo arrebataran a los almohades.
Los árabes volvieron a conquistarla, hasta que en el año 1229 fue ocupada definitivamente por las fuerzas cristianas del Rey Fernando III El Santo.
Los tiempos de mayor esplendor de este castillo fueron durante el Condado de Medellín. Su primer Conde, D. Rodrigo de Portocarrero, casado con Dª Beatriz de Pacheco, tuvo como legítimo heredero a su hijo Juan Portocarrero. A la muerte de D. Rodrigo, la varonil Condesa, viuda, e hija del Marqués de Villena, enemiga de la Reina Católica y partidaria de la Beltraneja, requiere ayuda militar de Portugal con la cual puede hacer frente durante varios meses a las tropas de la Reina de Castilla. Al fin, la victoria de Isabel hizo que este castillo fuera durante estos sucesos, la trinchera defensiva de las huestes portuguesas.
El 28 de marzo de 1809 es una fecha fatídica para el pueblo de Medellín y su castillo, por la derrota que sufrieron las tro. pos españolas al mando del General Cuesta, durante la Guerra de la Independencia, frente a los soldados franceses mandados por el Mariscal Víctor.
El castillo sufrió principalmente por los actos vandálicos cometidos por los franceses, que permanecieron en él hasta el 12 de mayo.
Existe una antigua leyenda que dice: “Que a la muerte del Conde de Medellín, su legítimo heredero solicitó de su madre el titulo que le correspondía, siéndole denegado por Dª Beatriz de Pacheco, que, mujer de fuerte carácter, mandó encerrar a su hijo en los sótanos del torreón que mira al río por el Norte, en donde permaneció durante cinco años”.
Estos hechos parece ser que inspiraron al gran dramaturgo Calderón de la Barca, para escribir su obra, “La vida es sueño”, en donde el protagonista de este drama, Segismundo, representa al joven conde de Medellín, Juan de Portocarrero.
Matías Lozano Tejeda














